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lunes, 21 de abril de 2014

Homenaje a Gabriel García Márquez

Bajaba de la montaña cuando conocí la muerte de Gabo. Ya en el valle telefoneé a mi hijo para contarle cualquier cosa y que supiera que había regresado sin novedad cuando tras saludarme me espetó: “Ha muerto ese escritor que tanto te gusta”. No dudé ni un momento de que se trataba del fallecimiento de García Márquez. Sentí cierta pena, aunque no sabría decir si por el hombre que había dejado de existir o por el resto de obra que ya nunca escribirá. Reconozco que no puedo disimular mi admiración por él, y el primer fragmento de animación a la lectura de este blog se lo debo y agradezco. Aunque no podré superar esta entrada en un día como hoy, no por ello dejaré de recordarlo con el prólogo de una de sus obras que, por corta no deja de ser sublime: La Hojarasca.

 “ De pronto, como si un remolino hubiera echado raíces en el centro del pueblo, llegó la compañía bananera perseguida por la hojarasca. Era una hojarasca revuelta, alborotada, formada por los desperdicios humanos y materiales de los otros pueblos: rastrojos de una guerra civil que cada vez parecía más remota e inverosímil. La hojarasca era implacable. Todo lo contaminaba de su revuelto olor multitudinario, olor de secreción a flor de piel y de recóndita muerte. En menos de un año arrojó sobre el pueblo los escombros de numerosas catástrofes anteriores a ella misma, esparció en las calles su confusa carga de desperdicios. Y esos desperdicios, precipitadamente, al compás atolondrado e imprevisto de la tormenta, se iban seleccionando, individualizándose hasta convertir lo que fue un callejón con un río en un extremo y un corral para los muertos en el otro, en un pueblo diferente y complicado, hecho con los desperdicios de los otros pueblos.

Allí vinieron, confundidos con la hojarasca humana, arrastrados por su impetuosa fuerza, los desperdicios de los almacenes, de los hospitales, de los salones de diversión, de las plantas eléctricas, desperdicios de mujeres solas y de hombres que amarraban la mula en un horcón del hotel, trayendo como un único equipaje un baúl de madera o un atadillo de ropa, y a los pocos meses tenían casa propia, dos concubinas y el título militar que les quedaron debiendo por haber llegado tarde a la guerra.

Hasta los desperdicios del amor triste de las ciudades nos llegaron en la hojarasca y construyeron pequeñas casas de madera, e hicieron primero un rincón donde medio catre era el sombrío hogar para una noche, y después una ruidosa calle clandestina, y después todo un pueblo de tolerancia dentro del pueblo.

En medio de aquel ventisquero, de aquella tempestad de caras desconocidas, de toldos en la vía pública, de hombres cambiándose de ropa en la calle, de mujeres sentadas en los baúles con los paraguas abiertos, y de mulas y mulas abandonadas, muriéndose de hambre en la cuadra del hotel, los primeros éramos los últimos; nosotros éramos los forasteros; los advenedizos.

Después de la guerra, cuando vinimos a Macondo y apreciamos la calidad de su suelo, sabíamos que la hojarasca había de venir alguna vez, pero no contábamos con su ímpetu. Así que cuando sentimos llegar la avalancha lo único que pudimos hacer fue poner el plato con el tenedor y el cuchillo detrás de la puerta y sentarnos pacientemente a esperar que nos conocieran los recién llegados. Entonces pitó el tren por primera vez. La hojarasca volteó y salió a recibirlo y con la vuelta perdió el impulso, pero logró unidad y solidez; y sufrió el natural proceso de fermentación y se incorporó a los gérmenes de la tierra.

(Macondo, 1909)

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Fragmento 04-Luz de Agosto

Hoy merece la pena recordar un fragmento de William Faulkner, uno de los escritores americano más importantes del siglo XX, difícil de entender sin dificultad en toda su complejidad pero muy ameno de leer. Vamos a recordar un fragmento de melancólica humanidad del comienzo de "Luz de Agosto". No sólo por tratar la muerte de forma inicial y como presupuesto previo de la novela, sino también por la particular forma de tratar el modo de enfrentarse a ésta (ahora por un menor, antes por un hombre adulto) merece la pena contraponer con el anterior fragmento dedicado a Camus:

"Tenía doce años cuando su padre y su madre murieron, el mismo verano, en una casa de troncos compuesta de tres habitaciones y de un zaguán. No había rejas en las ventanas. El cuarto en que murieron estaba alumbrado por una lámpara de petróleo cercada por una nube de insectos revoloteantes; suelo desnudo, pulido como vieja plata por el roce de los pies descalzos. Lena era la menor de los hijos vivos. Su madre murió primero: «Cuida de tu padre», dijo. Después, un día, su padre le dijo: «Vas a ir al aserradero de Doane con McKinley. Prepárate para marchar. Tienes que estar lista cuando él llegue.» Y murió. McKinley, el hermano, llegó en una carreta. Enterraron al padre, una tarde, bajo los árboles, detrás de una iglesia aldeana, y colocaron una tabla de abeto a guisa de piedra sepulcral. Al día siguiente, por la mañana, Lena partió hacia el aserradero de Doane, en la carreta, con McKinley. Y en aquel momento tal vez no sospechaba que se iba para siempre. La carreta era prestada, y el hermano había prometido devolverla al caer la tarde".


Como siempre, proponer la versión en lengua original para quién pueda leerla: 

 "When she was twelve years old her father and mother died in the same summer, in a log house of three rooms and a hall, without screens, in a room lighted by a bugswirled kerosene lamp, the naked floor worn smooth as old silver by naked feet. She was the youngest living child. Her mother died first. She said, “Take care of paw.” Lena did so. Then one day her father said, “You go to Doane’s Mill with McKinley. You get ready to go, be ready when he comes.” Then he died. McKinley, the brother, arrived in a wagon. They buried the father in a grove behind a country church one afternoon, with a pine headstone. The next morning she departed forever, though it is possible that she did not know this at the time, in the wagon with McKinley, for Doane’s Mill. The wagon was borrowed and the brother had promised to return it by nightfall."

William Faulkner: Luz de Agosto/Ligth in August.

Para terminar, toque de humorismo "Cordiano" vinculado a una referencia al film de culto "amanece que no es poco":

jueves, 7 de noviembre de 2013

Fragmento 03-El Extranjero / L'étranger.

Hoy es el centenario del nacimiento de Albert Camus, icono eterno de la Europa de entreguerras cuyo pesimismo y cierta desconfianza de la condición humana nos incitan a la reflexión y nos asaltan en algunos de los momentos mas duros de nuestra vida.

Toca, como no, releer el fragmento inicial de una de sus obras más conocidas y que refleja con precision la soledad del mundo en blanco y negro en el que vivió: El Extranjero. 

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: "Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias." Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer. El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús a las dos y llegaré por la tarde. De esa manera podré velarla, y regresaré mañana por la noche. Pedí dos días de licencia a mi patrón y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: "No es culpa mía." No me respondió. Pensé entonces que no debía haberle dicho esto. Al fin y al cabo, no tenía por qué excusarme. Más bien le correspondía a él presentarme las condolencias. Pero lo hará sin duda pasado mañana, cuando me vea de luto. Por ahora, es un poco como si mamá no estuviera muerta. Después del entierro, por el contrario, será un asunto archivado y todo habrá adquirido un aspecto más oficial.


Aunque si te atreves, te recomendaría leer el texto original en francés:

Aujourd'hui, maman est morte. Ou peut-être hier, je ne sais pas. J'ai reçu un télégramme de l'asile : « Mère décédée. Enterrement de-main. Sentiments distingués. » Cela ne veut rien dire. C'était peut-être hier. L'asile de vieillards est à Marengo, à quatre-vingts kilomètres d'Alger. Je prendrai l'autobus à deux heures et j'arriverai dans l'après-midi. Ainsi, je pourrai veiller et je rentrerai demain soir. J'ai demandé deux jours de congé à mon patron et il ne pouvait pas me les refuser avec une excuse pareille. Mais il n'avait pas l'air content. Je lui ai même dit : « Ce n'est pas de ma faute » Il n'a pas répondu. J'ai pensé alors que je n'aurais pas dû lui dire cela. En somme, je n'avais pas à m'excuser. C'était plutôt à lui de me présenter ses condoléances. Mais il le fera sans doute après-demain, quand il me ver-ra en deuil. Pour le moment, c'est un peu comme si maman n'était pas morte. Après l'enterrement, au contraire, ce sera une affaire classée et tout aura revêtu une allure plus officielle.

Albert Camus El Extranjero / L'étranger.

Como colofón, un detalle: en francés "camus", como nombre propio, significa "gorrión"; algo muy significativo para este autor...

sábado, 11 de mayo de 2013

Fragmento 02-La Algarabía: Descripción del Caos

El dédalo de galerías subterráneas del antiguo aparcamiento es un infierno de pestilencias. Un día ya lejano, estallaron los depósitos de gasolina de la estación de servicio. Decenas de carrocerías de automóviles, oxidadas y retorcidas por el incendio, se alinean a lo largo de las rezumantes paredes. Una luz débil, viscosa, penetra a través de algunas brechas abiertas por las explosiones. En la penumbra se adivinan montones de inmundicias, escombros de todas clases, amasijos repugnantes que despiden un hedor asfixiante. Para no sucumbir a él, los raros habitantes de las casas próximas se ven obligados a acudir regularmente para quemar los montones de basuras. Esos días, de las entrañas del boulevard brota una humareda negra, infernal.
 
Los demás aparcamientos situados en el territorio de la Comuna de la Rive Gauche han encontrado utilizaciones diversas, ahora que casi no existe circulación de automóviles. Así, el de la plaza Soufflot se ha convertido en una necrópolis subterránea. El de la plaza Saint-Sulpice, reconstruido con un lujo barroco, se ha convertido en el burdel más célebre de la Europa occidental. Lo instaló y lo dirige la banda de los Corsos, tras haber ido tomando nuevamente en sus manos las riendas del poder nocturno, aprovechándose de la descomposición de la Comuna y de la ayuda oculta de los servicios policiales de información.

Jorge Semprún. "La Algarabía"
 
 
Novela del intelectual español Jorge Semprún escrita originalmente en francés (como la mayor parte de su obra), en la que se fantasea sobre un parís en el que ha triunfado la revolución del '68. Interesantísimo observar la diferente realidad de la prosa de este escritor cuando escribe en español (autobiografía de Federido Sánchez) y cuando escribe en francés. Si este fragmento te ha gustado lo suficiente, prueba a leerlo en su versión original.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Fragmento 01-Cien Años de Soledad: Aureliano Buendía descubre el hielo

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.
(………………………………………)

Estaban obstinados en que su padre los llevara a conocer la portentosa novedad de los sabios de Memphis, anunciada a la entrada de una tienda que, según decían, perteneció al rey Salomón. Tanto insistieron, que José Arcadio Buendía pagó los treinta reales y los condujo hasta el centro de la carpa, donde había un gigante de torso peludo y cabeza rapada, con un anillo de cobre en la nariz y una pesada cadena de hierro en el tobillo, custodiando un cofre de pirata. Al ser destapado por el gigante, el cofre dejó escapar un aliento glacial. Dentro sólo había un enorme bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en estrellas de colores la claridad del crepúsculo. Desconcertado, sabiendo que los niños esperaban una explicación inmediata, José Arcadio Buendía se atrevió a murmurar:
 
-Es el diamante más grande del mundo.

-No -corrigió el gitano-. Es hielo.

José Arcadio Buendía, sin entender, extendió la mano hacia el témpano, pero el gigante se la apartó. «Cinco reales más para tocarlo», dijo. José Arcadio Buendía los pagó, y entonces puso la mano sobre el hielo, y la mantuvo puesta por varios minutos, mientras el corazón se le hinchaba de temor y de júbilo al contacto del misterio. Sin saber qué decir, pagó otros diez reales para que sus hijos vivieran la prodigiosa experiencia. El pequeño José Arcadio se negó a tocarlo. Aureliano, en cambio, dio un paso hacia adelante, puso la mano y la retiró en el acto. «Está hirviendo», exclamó asustado. Pero su padre no le prestó atención. (………) Pagó otros cinco reales, y con la mano puesta en el témpano, como expresando un testimonio sobre el texto sagrado, exclamó:

-Éste es el gran invento de nuestro tiempo.
 
Gabriel García Márquez
"Cien Años de Soledad"
 
 
Fragmento de "Cien años de soledad", fantástica novela paradigma del "Realismo Mágico" de Gabriel García Márquez por la que recibió el premio nobel en 1982 ¿Te ha gustado? Aquí tienes más.
 


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